Estudios Hegelianos

Director: José Rafael Herrera

"El conocimiento es reconocimiento. Quien me conozca aquí me reconocerá."

G.W.F. Hegel

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"El hombre sólo puede considerarse verdaderamente dueño de aquellos pensamientos que aparecen expresados en su legua propia."

G.W.F. Hegel

A partir de la celebración de los doscientos años de la primera edición de la Fenomenología del Espíritu, de Hegel, un grupo de amigos, profesores universitarios de América Latina, estudiosos del pensamiento de Hegel y del idealismo alemán (que no puede no incluir al marxismo, entendido no como una doctrina, sino más bien como una filosofía crítica e histórica, como Filosofía de la Praxis y, en consecuencia, heredera del idealismo clásico alemán), hemos ido haciendo contacto, primero, individualmente, luego, de un modo más colectivo, conscientes de que necesitamos un espacio de discusión propio, latinoamericano, independiente, capaz de profundizar no sólo en los aspectos técnicos del pensamiento hegeliano y del idealismo clásico, sino en la necesidad de avanzar sobre las huellas del camino trazado por Hegel y por las diversas expresiones que su pensamiento ha ido tomando hasta llegar a nuestro tiempo. Consideramos que ha llegado la hora de abrir la discusión sobre Hegel y sobre la dialéctica y la historicidad del pensamiento en América Latina, motivados por la necesidad de "seguir pensando" y de pensarnos a nosotros mismos, sin abstraernos de la compleja Bildung mundial de la que formamos parte integrante, aquí y ahora, tomando en alto el sagrado principio atribuido por Hegel a la inteligencia dialéctica: el derecho que tenemos, como sujetos históricos, a "decir que no". Tal es el propósito que reúne a partir de hoy a este grupo de profesores e investigadores universitarios, profesionales de la filosofía y lectores asiduos de los textos hegelianos y de los estudiosos que han proseguido el camino abonado por el filósofo alemán, y que han contribuido con el desarrollo de su concepción del mundo y de la historia. Nos complacería mucho la participación abierta de todos.

¿Por qué Hegel?

"Hegel es uno de esos pensadores de los que toda persona culta cree saber algo. Su filosofía fue la precursora de la teoría de la historia de Karl Marx, pero a diferencia de Marx, que era materialista, Hegel fue un idealista en el sentido de que pensaba que la realidad era espiritual en última instancia, y que esta realidad se desarrollaba según un proceso de tesis/antítesis/síntesis. Hegel glorificó también el Estado prusiano, sosteniendo que era obra de Dios, la perfección y la culminación de toda la historia humana: todos los ciudadanos de Prusia le debían lealtad incondicional a su Estado, que podía disponer a su antojo de ellos. Hegel desempeñó un gran papel en la formación del nacionalismo, el autoritarismo y el militarismo alemanes con sus celebraciones cuasi-místicas de lo que él llamaba pretenciosamente “lo Absoluto”… Prácticamente todo lo que se dice en el párrafo anterior es falso, salvo la primera frase. Pero lo más chocante es que, pese a ser clara y demostrablemente falso, y a que desde hace tiempo es conocida su falsedad en los círculos académicos, este cliché de Hegel continúa repitiéndose en casi todas las historias breves del pensamiento o en las cortas entradas de un diccionario."

Terry Pinkard

El interés por el estudio de la filosofía de Hegel en América Latina, comenzó durante la segunda mitad del siglo XX, de manera continua y más o menos sistemática. Se debe en lo fundamental al marxismo la aproximación latinoamericana al pensamiento de Hegel. En un primer momento, bajo la fuerte influencia del movimiento comunista internacional y bajo la óptica de sus, por entonces, poderosos aparatos editoriales (v.g., editoriales “Progreso”, “Mir” y, más tarde, “Viento del Este”), los marxistas latinoamericanos, lectores de las traducciones soviéticas y chinas de los textos de Marx, Engels y Lenin –para no mencionar a Stalin o a Mao-, hallaron en Hegel al representante de los intereses más oscuros y reaccionarios, al enemigo jurado de la clase trabajadora, al justificador del Estado conservador y autocrático, y de cuya filosofía Marx habría tenido la necesidad de dar cuenta, “poniéndola sobre sus pies”, lo que significaba, poco más o menos, y siguiendo con ello la “lógica” de la propaganda de guerra de la ortodoxia socialista, que el marxismo, sustentado en sólidas bases científicas y materialistas, había pulverizado al inútil pasado filosófico y, con él, al ficticio idealismo promovido por Hegel. Liquidar a Hegel quería decir, en consecuencia, abonar el camino para concretar el aplastamiento de la burguesía y del imperialismo e instaurar, finalmente, el socialismo en el orbe. No obstante, y en todo caso, aún restaba “algo” de Hegel que Marx no había descartado del todo, a pesar de haber tenido la necesidad de invertirlo, con el firme propósito de darle un uso correcto, es decir, “científico” y “objetivo”: nos referimos al así llamado “método” dialéctico, reconocido por el propio Marx como “altamente revolucionario”. Y fue, precisamente, a partir de la búsqueda de la dialéctica en los textos del propio Hegel lo que condujo a los ávidos lectores de la literatura marxista a acometer la difícil tarea de estudiar al “skoteinós”, a fin de escudriñar, en los textos de su propio creador, los “misterios” de la dialéctica. Es la época en la que Rodolfo Mondolfo traduce, desde Buenos Aires, la Ciencia de la Lógica, el texto fundamental utilizado por Marx para la creación de la estructura conceptual de la teoría del valor; y en la que, diez años más tarde, Wenceslao Roces, desde México, traduce la Fenomenología del Espíritu, el lugar de nacimiento –después del Systemfragment de 1800- de la dialéctica hegeliana.

Entre tanto, la fe en el inevitable destino de la llegada de la revolución proletaria entraba, cada vez más, en situación de duda y desesperación. Las derrotas de los movimientos subversivos latinoamericanos y el deterioro de la imagen de los partidos comunistas, hacían pensar que, tal vez, “algo” en la aplicación de la doctrina no andaba bien. ¿O quizá sería que ese “algo” se hallaba en el interior de la propia doctrina?

La publicación de Historia y conciencia de clase y de El joven Hegel y los problemas de la sociedad capitalista, de Geörgy Lukács, fueron, en este sentido, un síntoma de la necesidad hermenéutica que ya existía entre la intelectualidad de izquierda latinoamericana, y que apuntaba hacia la superación de los prejuicios y convicciones doctrinarias, para aproximarse a los orígenes de un marxismo acariciado por la frescura de la filosofía de Hegel, quien comenzaba a ser reconocido como un pensador menos conservador y más progresista de lo que la publicidad soviética y china habían hecho creer. Después de todo, Lukács -al igual que Bloch, Gramsci, Sartre y los miembros de la prestigiosa Escuela de Frankfurt (principalmente Adorno, Horkheimer y Marcuse)-, era un marxista. Y, lo mismo que el resto de la Intelligenz marxista, elogiaba a Hegel y hacía de Marx su heredero. La figura de un Hegel fantasioso, reaccionario, autocrático, racista y chauvinista, se iba diluyendo como la sal en el agua. La hegeliana “astucia de la razón” comenzaba a hacer su labor. El “viejo topo” hegeliano iba penetrando en las galeras de nuestro ser y de nuestra conciencia social.

Con el redescubrimiento de Hegel, la izquierda latinoamericana dejó de ser un apéndice del “socialismo real” instalado en Oriente para devenir un potente movimiento de cambio y de justicia social, definitivamente incorporado a Occidente. Países como Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, e incluso, México, son parte importante de semejante reinterpretación del significado actual de la izquierda democrática, y en ello coinciden con el modelo socialista europeo.

Al igual que el marxismo, Hegel ya forma parte de nuestro patrimonio cultural. Se ha insertado en el corazón de nuestros deseos de racionalidad, progreso y eticidad. Se nos ha convertido en la diferencia entre nuestra consabida barbarie y nuestra utopía de civilización. Hemos aprendido de él que también para nosotros cuenta el inalienable “derecho racional que los latinoamericanos tenemos a decir que no”.

José Rafael Herrera

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